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Ano V -
Nº 43 - fevereirode 2001
ABOGADOS@DEONTOLOGÍA.COM
Alumno de 2º Curso de Doctorado. Facultad de Derecho. Departamento de Filosofía. Universidad Complutense. Colegiado Nº 63394 por el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid
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Cuando decidí Colegiarme en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, sabia que la actividad desempeñada por un profesional de la Abogacía llevaba consigo una serie de dificultades añadidas a las de cualquier profesión. Cada gremio es evidente que tiene sus problemas, pero en el caso que nos ocupa, siempre tuve la sensación que él numero de obstáculos a saltar era superior al resto de profesiones.
La Abogacía es junto posiblemente la Medicina, permanente centro de atención social, cada paso que da es seguido con lupa, con el agravante que cuando atesora algún mérito todo es normal, pero cuando resbala, las criticas son extraordinarias.
Por otro lado se produce la circunstancia, que la mayor parte de los puestos ejecutivos de este país son ocupados por abogados, lo que supone todavía un mayor grado de responsabilidad y escaparate publico, aspecto que siempre se ha llevado con dignidad y honra, pues estamos preparados para ello.
Casos de abogados populares que no actúan de acuerdo a lo que se espera de ellos y que tanto se airean en los medios de comunicación, sitúan a la profesión y a nosotros mismos en posiciones irreales e injustas, causando un perjuicio muy grave. Es momento de que reaccionemos, cerremos filas, analicemos la realidad y nos esmeremos para que nuestra dedicación sea lo más profesional e impecable posible.
Aquí surge la palabra mágica, algo esencial en mi opinión, la Deontología profesional. Termino que cada vez reclama una mayor importancia y que debe ser nuestro gran reto de cara al nuevo milenio.
El camino andado en este sentido ha sido notable, pero debemos hacer mas, nos jugamos nuestro prestigio y lo más importante, es nuestra principal baza para poder saltar los obstáculos antes referidos que nos pone la Administración y la sociedad.
El esfuerzo debe ser de todos, primero desde cada uno, el principio es siempre individual, después de forma colectiva, naturalmente bajo la coordinación de nuestros Colegios respectivos, que dentro del marco legal deben ser los guardiánes de nuestra libertad y de nuestros derechos(también tenemos obligaciones), así como nuestro punto de encuentro.
La Abogacía reclama profesionales con conocimientos técnicos profundos en su area, pero también con Etica.
Me consta que en la mente de la mayoría de nosotros, este asunto ocupa un lugar de privilegio, aspecto que puede ser determinante para los pasos a seguir en los próximos tiempos.
Es cierto que los resultados en una profesión son muy importantes, porque esta sociedad los exige y mide así a las personas, pero tan importante como el resultado, es la forma de obtenerlo, el camino honesto y respetuoso quizá no sea él mas corto, pero sin duda puede ser tan efectivo y es el correcto, en especial entre compañeros, por muy feroz que sea la competencia.
La Deontología jurídica no es un proyecto de futuro es puro presente, como Internet.
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